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   Cazando, Criando, Seleccionando y Mejorando la Raza del Perdiguero de Burgos desde 1986

Perdiguero de Burgos y el Futuro.

                            Artículo publicado en la revista Perros de Caza en Diciembre de 1991.  

                           PERDIGUERO DE BURGOS

                                         Y

                             EL FUTURO.

Hace quince años constituía un espectáculo casi insólito el contemplar en nuestros páramos y laderas las evoluciones de un perdiguero de Burgos, cazando siempre cerca del venador, con su característica estampa sobria y un tanto rústica, y desarrollando su trabajo con una eficacia y seriedad apreciadas por el cazador de la meseta, que compensaban sobradamente la espectacularidad de otras razas no autóctonas.

Después de unos momentos difíciles en los que el número de ejemplares era escaso, lo que favorecía la consanguinidad y consiguiente degeneración, y el mestizaje abusivo, buscando con cruces inadecuados el aligerar un perro que siempre ha tenido aspecto robusto, se ha logrado un resurgir de la raza, que de continuar en línea ascendente volverá a ser una insustituible ayuda para el cazador.

El Club Español del perdiguero de Burgos ha realizado una importante labor de promoción y mejora de estos canes, observándose en los últimos cinco años una progresión notable tanto en el número de ejemplares censados, como en las características morfológicas de los perros. La tarea que tienen que acometer en el futuro los responsables del Club es quizá la más importante para la consolidación definitiva de la raza, y consiste, en mi opinión, en afinar las cualidades para el trabajo de estos canes, consiguiendo que un alto porcentaje de perdigueros posean esas excelentes características que tanto apreciamos los que los tenemos, y que ya se dan en algunos ejemplares, de forma sobresaliente.

No podemos olvidar, a la hora de seleccionar, que el aspecto externo y el carácter deben ir unidos, y es tan exigible a un buen perdiguero la papada o la típica capa como la afición por la caza y la eficacia en el campo.

Por eso, algunos aficionados han apuntado la aparición de un número de perros, no demasiado numeroso, que muestran dos defectos como son la falta de pasión por la caza y una pereza por Iniciarse en el trabajo, una falta de precocidad que les lleva a empezar a cazar alrededor de los dos años. Estos defectos, corregibles con un adecuado adiestramiento, son más notorios por su peculiar modo de comportarse cazando, sosegados, tranquilos, pero en cualquier caso procede seleccionar adecuadamente los reproductores para tratar de evitarlos.

Los perros de hace cuarenta años.

Hace tres o cuatro décadas todos los perros que tenían los cazadores, cazaban. Es cierto que no se veían muchos ejemplares de raza pura, siquiera se encontraban algunos en manos de aficionados exigentes, pero la característica común a aquellos canes era una aptitud, en muchos casos notable, para desarrollar su trabajo en el campo.

Hay que admitir que las oportunidades de aprendizaje eran muy superiores a las actuales debido a la mayor disponibilidad de piezas, especialmente de codorniz, ave indicada para el adiestramiento de los perros, pero ocurría también que los cazadores de antes se tomaban muy en serio su ocupación, quizá por las dificultades que tenían que vencer para ejercerla, viajes incómodos, munición escasa y cara, etcétera, y no era fácil el que mantuvieran un can que no cazara. La selección de sus auxiliares la realizaban de una forma un tanto drástica, pero, desde luego, eficaz. Perro que no cazaba, se quitaba y, obviamente, no alcanzaba la madurez para poder ser reproductor, porque era impensable que algún venador fuera acompañado de un chucho que no desarrollara en el monte el trabajo al que se le dedicaba, con un rendimiento al menos aceptable.

En consecuencia, los ejemplares supervivientes habían demostrado su capacidad, lo cual originaba que los cachorros, producto del cruce de animales cazadores, mostraran una predisposición innata para el trabajo, heredada de sus padres. Era práctica usual el regalarse perros entre los aficionados, escasos entonces, porque la mayoría se conocían, y normalmente habían visto cazar en la ladera a los reproductores antes de aceptar las crias.

Yo recuerdo que la primera perdiguera con la que cacé, excelente e incansable, debutó en la temporada de la media veda cinco meses, y mostro una codorniz el día de la apertura de la campaña en un rastrojo, tras un rastreo sostenido de más de diez metros.

Después de las duras jornadas tras las perdices, con ocho meses todavía intentaba jugar con el resto de los perros, ya de regreso a casa.

Hoy, que el nivel de vida ha aumentado y el venador hace notables desembolsos para practicar su afición, las exigencias de los aficionados han cambiado, y se observan muchos ejemplares de raza comprados en perreras comerciales, con unas características morfológicas notables, pero cuyas cualidades en el monte dejan, en ocasiones, bastante que desear.

La obligada selección

En ese futuro brillante que todos auguramos y deseamos al perdiguero, hay que aumentar las pruebas de campo para ver los perros en acción de caza, y comprobar si la forma de desarrollar su trabajo satisface las exigencias de los cazadores. De esta forma podemos corregir esos defectos antes apuntados, escogiendo para reproductores los ejemplares que demuestren más facultades para la caza, y que hayan acreditado pasión en el trabajo y precocidad, además lógicamente de reunir las características típicas de sobriedad y eficacia, que deben ser presumibles en cualquier representante de la raza.

Hay criadores responsables que buscan de modo permanente la mejora de sus productos, y que han competido con éxito incluso en pruebas tan exigentes como el San Huberto, demostrando que un perdiguero puede ser adecuado, con el oportuno adiestramiento, para medirse con razas consideradas más brillantes, y que en las duras condiciones de la caza en mano en la meseta será insustituible por sus facultades y su rusticidad.

Es cierto que también ha habido algún propietario de perros que ha vendido cachorros a precios altos, sin que los progenitores hayan sido escogidos adecuadamente, algunos reproductores no han cazado nunca, lo que ha llevado a una desilusión por parte de los compradores que perjudica enormemente a la raza por la mala imagen que deparan unos ejemplares, afortunadamente en escaso número, sin las condiciones exigibles a un perdiguero, porque no podemos olvidar que estos perros son de caza, no de compañía.

No me mueve otro afán, al escribir estas líneas, que el deseo de lograr para nuestros fieles auxiliares el prestigio que no debieron perder, por la excelente ayuda que prestan al venador en el campo. Es un perro de la meseta para competir con esos otros pobladores ancestrales de la meseta, las perdices. Yo no soy criador, todos los canes que he tenido me los han regalado, y he cedido algunos, por lo cual no persigo otro interés que la mejora de una raza autóctona que está volviendo a conocerse, y a la que esperamos pronto se aprecie tanto como merecen sus excelentes condiciones para la caza. y no olvidemos que en la actividad cinegética, cuando se practica en mano, la unidad es la pareja, cazador y perro, y no puede pedirse mejor compañía para la ladera o el páramo que la de un perdiguero de Burgas .•

                                                                                                                     JOSE LUIS LOPEZ TRASCASA

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