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   Cazando, Criando, Seleccionando y Mejorando la Raza del Perdiguero de Burgos desde 1986

Los perros españoles de Vientos y de Parada

 

Hace aproximadamente cinco años, encontrándome de vacaciones por el norte de España, di con un puesto de libros y revistas antiguas, algo que siempre despierta mi interés, después de curiosear un rato encontré unas revistas antiguas de la desaparecida “ Caza y Pesca” con algunos artículos de interés que trataban de perros autóctonos , en este caso y como no podía ser de otra forma he elegido un artículo que trata de los perros españoles de Vientos y de Parada escrito por el Sr.Collantes Valdivieso en 1958 ,el mismo autor cuatro años antes había publicado el  libro titulado “ La Liebre y el Galgo “.

Bajo mi punto de vista este artículo es muy interesante por lo que nos dice, unas veces acertadamente y otras no tanto, y por lo que no dice, a mi modo de ver por desconocimiento de como realmente se debía de tratar la recuperación del Perdiguero de Burgos.

Debido a que es un artículo extenso he creído necesario dividirlo en dos partes, para mantener el interés en las argumentaciones del Sr.Collantes y que cada cual saque sus propias conclusiones sobre lo que decía D.Teodoro en 1958, con 55 años de por medio que nos permite un análisis de la situación actual del perdiguero de Burgos.

 

                  Los Perros Españoles de Vientos y de Parada.

                                      Los Perdigueros.

                          Su cría y su selección.

                           Primera Parte…………            

 

Por Teodoro Collantes Valdivieso.

Veterinario.

Revista CAZA y PESCA  Año 1958.

 

 

 

Nos llegan noticias de que muerto, en el cumplimiento del deber y bajo el incierto punto de mira de un atolondrado y novel cazador, uno de los mejores perdigueros. El sentimiento y la gratitud nos sugieren hacer el panegírico y la alabanza de todos los perros españoles. Los perros españoles pachón – perdiguero, ocupan puesto destacado en ese grupo ya numeroso que en cinegética se denomina perros de vientos y de parada. Por si el lector es un profano en el arte de San Eustaquio y San Huberto, es decir, no es cazador, le diremos que se llaman perros de vientos y de parada a aquellos canes que a la cualidad de cazar con la cabeza levantada, oliendo el viento, unen la facultad de quedarse mucho tiempo parados al lado de la caza, mostrando o señalando con el hocico al cazador la pieza encamada o emboscada.

 

De los perros de vientos y parada no se oye hablar hasta principios de la Era Cristiana. En las pinturas rupestres, balbuceos del lenguaje, encontradas en las cuevas o cavernas de más allá de nuestros mares y fronteras, no se descubren perros en la actitud de “parar”. En las literaturas caldeas, asiria, egipcia o hebrea, no se encuentran alusiones al perro de parada, señal evidente de que en aquellas remotas civilizaciones  se desconoció la existencia de estos canes. Los autores griegos también silencian estos perros. El historiador Herodoto, llamado el “padre de la Historia”, y que viajo por todo el mundo conocido de entonces, no cita para nada en sus voluminosos libros, al perro de parada. Plathón(350 años antes de J.C), el conspicuo discípulo del filósofo ateniense Sócrates tampoco nos habla de los canes con la excelsa cualidad de parar; a pesar de que se llevó seis años viajando por casi todo lo que hoy es Europa, Asia y África y que describió abundante fauna y flora de los países visitados . Aristóteles, la preclara y enciclopedia inteligencia,” padre de la Historia Natural”, también desconoce estos animales. Y, finalmente, Jenofonte, “el padre de la literatura cinegética”, tampoco sabe nada de los perros con esa facultad innata, íntima y espontanea de quedarse inmóviles ante las piezas de caza.

 

Y ha de suceder, para tener noticias de los perros de vientos y de parada, que el general romano Agrippa, yerno del emperador Augusto, venza a los cántabros y astures, últimos pueblos rebeldes del imperio; con lo que el centro y norte de la Península Ibérica es abierta a la curiosidad y a la civilización latina; descubriéndose lo que estaba ignorado y oculto, que eran los perros de vientos y parada. Este interesante general Agrippa, de origen plebeyo, pero abuelo de emperadores, fue un hombre rudo, pero en el fondo de carácter noble e inteligentísimo; siendo autor, entre otras cosas, de un mapa del imperio y del primer tratado histórico-geográfico sobre España; donde al lado de los accidentes topográficos del país se consignan valiosos datos sobre sus habitantes, sobre la belleza y velocidad de sus caballos, las ovejas de vellón de oro, la variedad y abundancia de la caza y la originalidad y maestría de sus perros para ayudar al cazador a localizar y apresar la caza; lo que reputaba a la Península Ibérica como la provincia más rica, aventajando a los otros reinos.

 

Aunque este Agrippa hace en su historia de España una alusión clara, es en realidad por su casi contemporáneo Plinio”el Viejo”(nacido el año 23 después de J.C ) por quien primero tenemos noticias concretas de la existencia en Hispania, nombre que por entonces recibía la Península Ibérica, de esta clase especial de perros, a los que el denomino en su Historia Natural los “ canis aviarius hispanus” o perros pajareros; tan bien enseñados por los naturales del país que, cazando al viento, descubren y señalan, quedándose inmóviles ante ellas, a las aves perezosas y ocultas; acción del perro que aprovechan los cazadores para capturarlas vivas, arrojando sobre ellas una cesta o red, dentro de la cual suelen quedar, la mayoría de las veces, el perro y la pieza.

Ya tenemos aclarado con este dato histórico que nos proporciona el naturalista Plinio el verdadero origen del perro de vientos y parada, animal de rancio abolengo histórico, puesto que se remonta a más de dos mil años. Pudiendo considerar a estos perros pajareros, con área o centro de creación en la parte centro-norte de la Península Ibérica, como la raza aborigen de perro de pluma, o como los progenitores y adanes de todos los perros de vientos y parada.

 

No existe desgraciadamente ningún dato (o por lo menos yo no lo he encontrado) que permita hacernos una idea de cómo eran o que aspecto tenían estos perros, utilizados por los celtas y celtiberos para cazar las aves con la red. La lógica hace suponer que este ancestral grupo de perros pajareros fuera un variado y entremezclado conglomerado canino, en el que no se mirase más que esa cualidad especial y sobresaliente de parar y apuntar la caza al cazador.

 

De lo único que si podemos estar ciertos es de que , en el devenir de los tiempos y bajo la influencia de factores que nos es imposible exponer en lo limitado de un artículo, se fueron perfilando y destacando dos grandes grupos étnicos, dos grandes razas naturales de perros de vientos y de parada: los pachones y los perdigueros.

Del pachón, dicho concisamente, han llegado nosotros dos raza: una de carácter dócil y pacífico y de pelo largo y sedoso, por cuyos caracteres recibió el nombre de pachón sedeño, perro muy apto para la montaña. La otra raza, de carácter también tranquilo, pero de pelo corto, recibió por lo mismo el nombre de pachón raso. A ambas razas se les dio también el nombre de pachones navarros, por tener su área de dispersión en el antiguo Reino de Navarra. Dícese por algunos autores que el pachón de pelo corto es meramente una subraza derivada del pachón sedeño.

Los perdigueros, dicho también así a la ligera, formaron varias razas, o, por mejor decir varias subrazas, ya que tanto el perdiguero portugués, el gallego, él leones o el de Burgos tienen muchos caracteres comunes; diferenciándose unos de los otros solamente por ligerísimos detalles morfológicos transmisibles por herencia, y en lo más o menos acusado de su resistencia.

 

Todo este conjunto de perros, pachones, perdigueros y bracos ibéricos, descienden directamente del perro de caza de aves con red, formaron en tiempos pretéritos lo que los extranjeros laman “los antiguos perros españoles de punta y de punta y vuelta”: old spanish pointer de los ingleses.

 

Durante muchos años, mejor dicho siglos, no hubo más perro de parada que los españoles; por lo que estas dos rancias estirpes del pachón y el perdiguero extendieron su área de dispersión más allá de nuestras fronteras. Y para la caza con red o con el halcón, primero; y para la ballesta y la escopeta, después, los perros españoles de muestra eran muy solicitados de todo el orbe. Y desde la brumosa Inglaterra y los fríos países del norte de Europa, hasta las cálidas tierras del Mediodía de Francia e Italia, se pedían perros españoles; siendo tanta su aceptación, adaptabilidad y nombradía que para hacernos una idea clara de ello basta citar el hecho de que durante toda la Edad Media y parte de la Moderna daba distinción, y era signo de señorío, el tener en las perreras y en las cuadras perros y caballos españoles: dos representantes de la fauna animal sin rival en el mundo de entonces.

 

Y con ser esto ya mucho, capaz de evanecer y alagar nuestro amor patrio, la justa y merecida fama de los perros españoles no quedo reducida, afortunadamente, a esa efímera gloria de algo que privo o estuvo de moda en tiempos pasados; sino que, al dotarles la naturaleza de un privilegio solo dado a contados seres, que es el poder mejorador y raceador, su recuerdo se perpetua en numerosa y distinguida descendencia; siendo estas dos rancias razas aborígenes, por su potencial hereditario, cabeza de linaje de numerosas razas de perros que llevan en su nombre o en su esencia el marchamo de lo español.

 

Pues bien, nosotros los españoles, los más interesados en la conservación y mejora de este tesoro de los cazadores, hemos sido, en cambio, tan ingratos y tan desidiosos, tan desagradecidos y tan abandonados, que hemos dejado cas perder, indiferentes, este precioso don que la prodiga Providencia puso en nuestro solar patrio.

Al pacho y al perdiguero, y también al braco ibérico, alfa y omega, para nosotros, de los perros de muestra, les hemos dejado sin ninguna protección oficial frente a esa terrible competencia del pointer y el setter, sus derivados; y expuestos, cual víctimas propiciatorias, a ese incongruente, inculto y desmedido afán de cruzamiento, a los que tan aficionados somos por estas latitudes. En este abandono de siglos naufrago la raza. Y cada vez más esta fue entrando en una crónica y moribunda decadencia, hasta quedar tan maltrecha, que solo puede ser sacada de ella mediante la instauración en nuestra patria de un Centro de Cría y Selección de la raza, del que más adelante hablaremos.

 

Seria larguísimos y, por consiguiente, imposible de exponer, hacer una detallada descripción de todas las razas y subrazas de perros españoles de vientos y de parada, para que de este modo el lector juzgara por sí mismo sobre los caracteres morfológicos, biológicos y psicológicos; sobre las aptitudes cinegéticas y sobre el estado actual de nuestra raza. Esto lo reservamos para un libro. Aquí solamente nos preocuparemos de la situación actual del perdiguero castellano o de Burgos; siendo aplicable a las demás razas cuantas medidas de protección y mejora para el propugnamos.

 

El perdiguero de Burgos, testigos a su favor son todos cuantos con el han cazado, es el perro ideal para los cazadores españoles, porque posee cualidades insuperables e inigualables que hacen pendant o juego con nuestro clima, con nuestro terreno y con nuestra brava y espantadiza perdiz.

 

 

A pesar de esto, y aquí está la paradoja, esta españolísima casta está muy en decadencia; pudiéramos decir que casi en el ocaso. Esta afirmación del autor quizá parecerá patética exageración a los tradicionales despreocupados y a los eternos optimistas; pero sin recargar las tintas del pesimismo podemos pronosticar que antes de un siglo, tal y como van las cosa, al perdiguero de Burgos podrá cantársele el “ Requiescat in pace “, como cas se le puede cantar ya a las demás castas de perdiguero y pachones, pues es un síntoma por de más significativo y alarmante, el de que en las actuales circunstancias se haga bastante difícil el localizar los buenos ejemplares.

 

A esta absurda y antipatriótica situación hemos llegado, en primer lugar, por esa nuestra supina ignorancia, con mezcla de snobismo, al dar preferencia para cazar a esas dos exóticas raza de pointer y del setter, que son excelentísimas ,sí, pero que no compaginan tan bien con nuestra caza y con nuestro clima, como lo hacen los perdigueros. Otra circunstancia que ha contribuido, ya lo hemos dicho, a la decadencia de los perros españoles, es ese tonto afán de los cruzamientos sin sentido genético y cinegético, cruzamientos con los cuales no solamente no hemos conseguido ninguna raza nueva, sino que han sido la causa de que haya ido difuminándose y diluyéndose la nuestra, tan excelente.

 

Si individualmente y de una manera inconsciente, pero catastrófica, la mayoría de los cazadores hemos contribuido a la casi desaparición de nuestros perros, colectivamente tampoco tenemos perdón, teniendo por este lado que entonar el más doloroso y doloso “mea culpa”. De este abandono oficial, que así pudiéramos llamarlo, solo se salvan un par de Sociedades de cazadores, que han iniciado una débil protección al perdiguero; la Revista Caza y Pesca, quien ha dado cabida en todo momento en sus columnas a todos aquellos que se han preocupado de nuestros perros, y a la Real Sociedad de Fomento de Razas Caninas de España, entidad esta que ha venido prestando desde siempre una meritoria atención a nuestras razas ;pero, por desgracia, todos sabemos que esta laudable y encomiable atención es puramente teórica y de estímulo, por faltarle los medios económicos que hagan su labor más práctica y fructífera.

 

Pero dejemos ya de rasgarnos las vestiduras de dolor y de lanzar quejas y culpas y veamos que puede hacerse para remediar esta situación por demás triste y vituperable.

 

Cuando en un país cualquiera una raza indígena estimable llega a un acusado extremo de degeneración y decadencia, bien por exceso de mestizaje, bien por desacertado de la cría, bien por otra causa cualquiera, el Estado, fiel guardián de los intereses ganaderos de la nación, toma a su cargo la regeneración de dicha raza, estableciendo al efecto en el área de origen( o en el área de creación que llamo Drawin) un Centro de Cría y Selección, cuya primordial misión es rehacer esa raza, volviendo por el tipo primitivo, para después mejorarla, si cabe. En España esto no es cosa nueva, pues la Dirección General de Ganadería tiene ya establecidos centros donde se seleccionan y mejoran las estirpes equinas, bovinas, ovinas o porcinas.

 

Continuara……………

 

 

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