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   Cazando, Criando, Seleccionando y Mejorando la Raza del Perdiguero de Burgos desde 1986

Segunda parte, perros de Vientos y Parada.

 

Segunda parte………………

            Los Perros españoles de vientos y de parada.

                                Los perdigueros.

                               Su cría y selección.

 

Autor: Teodoro Collantes Valdivieso.

Año: 1958

 

Con las especies salvajes se vienen tomando desde “ in illo tempore”, parecidas medidas. Los faraones egipcios, los reyes de la Mesopotamia, del Asia y de Grecia, y los Cesares de Roma, se preocuparon de la caza, tomando bajo su protección la fauna cinegética: unas veces para su solaz y otras veces para evitar que especies muy vulnerables o próximas a extinguirse, desaparecieran. Estas protecciones dieron lugar a hermosos Parques de Caza en Asia, África y Europa; destacando entre los más famosos el del rey Creso, en Lidia, y aquellos otros cuyo nombre no cita la historia y sirvieron de distracción y para adiestrar la juventud de Alejandro y Pompeyo. En los tiempos actuales el mejor parque de caza es el Kruger, llamado así en honor de un presidente de la Republica del Transvaal.

 

En la Edad Media cada señorío era un parque particular de caza; aparte, claro está, de los formados por las extensas tierras reservadas a la Corona. Desaparecida la hegemonía feudal, los reyes y las repúblicas se preocuparon de crear y sostener estas fuentes de la caza. En Inglaterra y Escocia fueron famosos los parques y acotados de Windsor y balmoral; en Francia, los Fontainebleau y Rambouillet, entre otros.

 

En España nos suenan los nombres de Tablada, montes de Covadonga, de Toledo, de Torozos, del Rey, Aranjuez, Riofrio, Casa de Campo y El Pardo; posesiones nacionales o de la Corona donde distrajeron sus ocios nuestros reyes cazadores, don Fabila, que murió abrazado a un osos, don Pedro El Justiciero, mal llamado el Cruel, un mancebo casi un gigante, que manejo con sin igual destreza la lanza, la maza, el arco y la ballesta; don Alfonso X y don Alfonso XI, impulsores de la ciencia cinegética; don Felipe II, gran jinete y ballestero; el débil y veleidoso don Juan II, con su privado don Álvaro de Luna, inventor este último de una coraza de cuero para los perros de jauría…..Entre los reyes de la Casa de Borbón, casi todos ellos grandes cazadores, sobresale aquel al que bien podemos llamar” el patrón laico de los cazadores”; el bondadoso rey Carlos IV, digno de mejor suerte. El rey don Alfonso XIII, otro modelo de cazador, fomento la repoblación de la caza, creando casi a sus expensas, El Parque Nacional de Gredos, con el fin de proteger la  Capra Hispánica, entonces casi extinguida. Con este buen ejemplo más tarde reservas de caza en Asturias y en otras partes de la Península. En la actualidad, la Dirección General de Montes, Caza y Pesca Fluvial nos sorprende agradablemente con frecuencia con el establecimiento de cotos y reservas para repoblar y proteger a la cabra montés, al ciervo, al jabalí, al gamo, al corzo, al urogallo, al faisán y otras especies cinegéticas.

 

La Caza Mayor, mayor. Con mayúscula. Las grandes reses como el elefante, el rinoceronte, el hipopótamo, la jirafa, el búfalo y todas las demás e innumerables variedades de rumiantes, así como las fieras, también tienen sus centros de cría y protección, en forma de Parques Nacionales o Reservas de Caza. Estas reservas de caza son cotos o hábitats inmensos, pertenecientes a distintas naciones (Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal, principalmente) que engloban bajo una misma linde ríos caudalosos, llanos inmensos, fértiles valles y montañas, alcanzando algunos de ellos la exorbitante extensión de diez mil kilómetros cuadrados.

Estos vedados fabulosos, verdaderos paraísos de la caza y del cazador, se hallan situados casi todos ellos en la parte sur, oriental y occidental del continente africano.

 

Está muy bien aplicado el nombre de reservas de caza a estas grandes extensiones acotadas, verdaderos viveros de caza con misión altamente conservadora, en las cuales se procura meter las especies casi extinguidas, las que se reproducen con plena tranquilidad y en pleno vigor biológico. Y es muy posible(algún lector dirá que seguro) que si no hubiera sido por estos vedados de caza, ese implacable carnicero que es el hombre, hubiera acorralado y acabado hace mucho tiempo con todas las especies cinegéticas. Aristóteles y Jenofonte, al describir los parques, los llamaron Los Padres de la Caza; opinión que compartimos los que en realidad la amamos; y opinión que contrasta o, mejor dicho, que choca, con ese concepto comunero de los” terrenos libres”, plagados de cazadores furtivos, y libres únicamente de eso, de caza. No es de mi gusto opinar sobre cuestión tan vidriosa, pero ya que viene a cuento y que otros han opinado antes que yo en esta misma Revista, me encuentro en el derecho de decir que es un error ese de combatir con saña las grandes y las pequeñas fincas de caza.

 

Si queremos que la caza abunde, ha de ser a base de  respetar y conservar los parques, reservas, cotos y vedados de caza existente, y el de crear otros nuevos; cuanto más, mejor. Y para desvanecer alguna” sonrisa de conejo” o falaz sospecha de parcialidad por parte de algún suspicaz lector, declaro de antemano que no disfruto directa o indirectamente de las delicias y ventajas de ningún coto. Opinamos así por convicción profunda, por larga y amarga experiencia en esto de los terrenos libres. Y cono nos gusta dar al Cesar lo que es del Cesar, a pesar de estar como quien dice a la parte fuera de los hitos o mojones, no me puedo unir a este clamor de falsa caridad de los de “ tendido de sol”, que sustentan a toda costa los terrenos libres.

 

Dejando de lado este inciso, un poquito largo, pasemos sin más demora el hilo de los perros. Es indudable que por su historia, por su vinculación a Castilla y a otras regiones, y por los servicios que presta, al perdiguero de Burgos hay que incluirle entre las razas indígenas estimables ( por lo menos para los cazadores).Esta estimación de utilidad supone, en principio, una preocupación por su conservación y su mejora, dándole derecho preferente a un Centro de Cría y Selección de la raza. Como cazadores nos daríamos por satisfechos con esto; pero como españoles recabamos la atención para la instauración de otros centros análogos, donde se regeneren y mejoren los demás perdigueros, el braco ibérico, los pachones, el podenco, el galgo, el mastín, el perro de pastor catalán y todas las demás razas autóctonas, que tanto lo necesitan.

 

El Centro de Cría y Selección del perdiguero de Burgos, ya es hora de definirle, con misión más completa que los clubs caninos de Inglaterra, Francia Y Estados Unidos, seria simplemente un monte con una gran perrera o, mejor, un sistema de pequeños pabellones, donde se criarían, recriarian, entrenarían y hasta se educarían, los perros. El método empleado en la reproducción sería el de la selección: apareando entre si ejemplares de pura raza perdiguera, y rechazando a los que por su genealogía y caracteres presenten signo alguno de degeneración o cruzamiento. Los perros encastadores que vayan a formar el centro se escogerán entre los individuos de mejores aptitudes, más sobresalientes y más bellos. Los descendientes de estos serán las estirpes selectas que irán a regenerar y a mejorar la raza entre los criadores; con lo que esta alcanzaría de nuevo auge y esplendor, y quizá d este modo pudiéramos abrir de nuevo aquel antiguo y próspero mercado que España sostuvo con todo el orbe.

 

Por lo respecta al lugar de instalación o de emplazamiento del Centro, no hay que ser ningún lince para ver y conjeturar que el punto óptimo es Burgos; pero no hay ningún inconveniente de orden biológico para establecer el centro en otro lado; siempre claro está, que el sitio elegido tenga un clima muy parecido al del área de creación de la raza.

 

La dirección técnica ¡fundamentalísima!, y de la cual depende el éxito o el fracaso de la empresa, debe encomendarse a un veterinario. Esta indicación o este señalar concreto no deben hacer sospechar el que yo intente arrimar el ascua a mi profesión. Es que, sencillamente, el técnico más capacitado para hacer un puente, un puerto o una carretera es un ingeniero de Caminos, el Agrónomo es el especialista más apropiado para dirigir una explotación agrícola; y el de Montes, quien más entiende de bosques y repoblación forestal. Por consiguiente, y según esta sana y sencilla lógica, el veterinario, que sabe de anatomía, fisiología, morfología, biología, alimentación, genética, zootecnia y mecánica animal, las ciencias que principalmente van a entrar en juego en la selección y mejora de la raza ,es innegablemente, el más capacitado para dirigir el Centro de Cría y Selección. Y si a la condición de veterinario, el director une la de ser experimentado cazador; miel sobre hojuelas. Como aneja a esta dirección técnica debe funcionar una Junta de Colaboración y Asistencia, formada por representantes destacados de los organismos relacionados con la raza y el fomento de razas caninas, completándola , si se quiere, con aquellas personas que por su conocimientos especiales en estas materias puedan servir de ayuda al organismo rector.

 

Los medios económicos para montar el centro y su ulterior sostenimiento deben de correr, como es lógico, a cargo del Estado. No crea el que esto leyere que al recabar esta ayuda se piden gollería o algo absurdo que esta fuera de razón. No haríamos esta petición si no supiéramos de antemano que el Estado recauda, por licencias de caza, allá por los nueve millones de pesetas; justo es, pues, que en caso de apuros y empresa patriótica, como esta, revierta algo, aunque sea indirectamente, a los cazadores.

 

No quisiera terminar este largo artículo sin recalcar una vez más la urgente necesidad de hacer algo eficaz en pro de la razas caninas españolas, tan abandonadas; pues mientras los demás países han cuidado las suyas y creado castas nuevas, injertadas o derivadas casi todas ellas de las ibérica, aquí estamos contemplando todo, con estúpida indiferencia, el deceso de las nuestras.

 

 

 

 

 

También creo necesario, aunque con ello abuse un poco de la amabilidad y paciencia del lector, decir unas cuantas palabras sobre la actual producción y sobre la futura orientación en la crianza del perdiguero.

 

No es lo malo, con ser mucho, que la población global canina española se escasa y bastardeada; lo verdaderamente grave es que muchas de las estirpes perdigueras que se conservan puras, son, por ignorancia, deliberadamente rebajadas y desvalorizadas.

 

Es indudable que hay, sobre todo en Burgos, criadores muy capaces y entusiastas.( Entre paréntesis debemos decir que es a ellos a quienes debemos el que aun exista el perdiguero.)

Pero, por desgracia, estos criadores tradicionales, y digo tradicionales porque siguen las normas de sus padres y abuelos, que criaron el clásico perdiguero, son cada vez menos.

 

El resto de la masa anónima que cría el perdiguero no se sujeta a norma clásicas o de sentido cinegético y genético; y en el apareamiento de los reproductores obra a capricho, siguiendo su propio particular criterio, no siempre acertado. Y es que sobre ellos influyen innumerables presiones y prejuicios sin causa ni fundamento, como el de ese cazador” que por aquello de que comen menos y se transportan mejor” prefiere el perdiguero pequeño. No cabe herejía mayor al multiplicar este perro, y no necesitamos hacer gran esfuerzo para yo explicarlo y el lector comprenderlo. Es ley cinegética que las partículas olorosas que esparcen o van dejando tras de sí las aves, manifiestan decidida tendencia a ascender en cuanto agentes fiscos actúan sobre ellas. En los días de mucho sol, al templarse la atmosfera y recalentarse el suelo, estos globitos gaseosos invisibles, que son las partículas olorosas, adheridas al suelo o próximas a él, son rechazadas rápidamente hacia arriba, manteniéndose en suspensión en la atmosfera hasta cerca de un metro o más de altura. Sin decir tiene que el perro ventor liliputiense, aunque cace con la cabeza muy alta no podrá llegar nunca con el hocico a estas partículas ascendidas; por lo que le pasaran desaparecidos muchos olores. Por consiguiente, una de las misiones de ese Centro de que hemos hablado, será la de conservar la talla del clásico perdiguero o perdiguero mediano, y la de” fabricar” el gran Perdiguero.

 

Otro error en la cría es el de multiplicar el perdiguero con todos los defectos de una vieja raza natural no cuidada o no seleccionada. De esta culpa, como es natural, hay que absolver a los criadores, ya que nadie se ha preocupado de orientarles y ayudarles. Es más, sabemos de algún criador que con su intuición natural ha intentado corregir defectos; pues resalta a la vista que el perdiguero de Burgos, el mejor perro en el terreno de la caza, es, fuera de ella, un animal tosco y basto, algo así como “ un diamante en bruto”, careciendo de la belleza y elegancia de otras razas.

 

Al perdiguero, pues, hay que embellecerle y elegantizarle, y nadie más indicado para llevar a cabo este cometido que el Centro de Selección. Se podrá, si se quiere, y sin necesidad de salirse de la raza, dar al perdiguero unos retoques externos que afinen su silueta, corrijan sus ojos hundidos o escondidos y sus parpados bermejos, reduzcan el exceso de papada, armonicen la unión de las diversas regiones y vigoricen la debilidad del tercio posterior, dando a este mas fortaleza, pero sin que su modificación vaya más allá de hacer desaparecer ese desgarbo y ese tambaleo en los movimientos. Pero ¡ojo!, no abolir o perjudicar su intrínseca y ancestral obediencia, su buen olfato y firma muestra, su busca típica y, sobre todo, su sobriedad y resistencia, porque todas y cada una de estas cualidades constituyen el ser o no ser del perdiguero.

 

En cuanto a uno de los caracteres morfológicos más típicos de esta raza, que es la nariz acarnerada, atributo de las razas ibéricas, recordar el caballo español, el autor es de opinión de que no debe modificarse, pues el perfil subconvexo, al perdiguero no le quita merito sino que, por el contrario, le da distinción y belleza.

 

Con estas ligeras modificaciones externas, cuestión de ciencia y paciencia, el perdiguero de Burgos perdería su rustica estampa, para transformarse en un perro de fina lamina, de bello y airoso porte; pues en lo interno es ya para nosotros “el non plus ultra” de los perros de vientos y de parada.

Fin del artículo.

 

“Después de leer íntegramente este artículo cada cual sacara sus propias conclusiones, la propuesta de Sr.Collantes sobre el Centro de Cría y Selección fue puesta en marcha en dos zonas diferentes ,Soria y Toledo, los centros estuvieron gestionados por veterinarios y fue un fiasco para la mejora de la raza, personalmente estoy en desacuerdo en el planteamiento propuesto en este artículo para la mejora del perdiguero de Burgos, habla mucho pero no entra en detalle sobre los verdaderos problemas del perdiguero de Burgos ni tampoco plantea un esquema de crianza donde los perdigueros de Burgos, antes de criar, estén sometidos a pruebas de trabajo para saber la capacidad de cada ejemplar en la caza, valorando individualmente cada una de las características a mejorar, muestra, nariz, cobro ,etc. de igual forma el apartado morfológico, en resumen , por no entrar en más detalles, el Sr.Collantes nos presenta un contenido con” mucho ruido y pocas nueces “ uno más en la lista de profetas que conocían el problema pero no la solución.”

 

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